El GPS (Sistema de Posicionamiento Global, por su sigla en inglés) parece hoy estar en todas partes. Fue originalmente desarrollado para usos militares, pero el presidente estadounidense Ronald Reagan aceptó que el sistema –que por entonces estaba en desarrollo– se abriera a los civiles luego de que un avión de pasajeros surcoreano fuera derribado accidentalmente en 1983 por Rusia al ingresar por error a espacio aéreo de ese país. Desde que su instalación fue completada, en 1994, ha ido colonizando rápidamente todo tipo de usos, desde los dispositivos móviles hasta la aviación civil. ¿Cómo funciona?

El sistema cuenta con 27 satélites –24 funcionales y tres de repuesto, en caso de que alguno falle–, cada uno de los cuales orbita el planeta cada 12 horas, y un sistema de estaciones terrestres repartidas en todo el planeta. El objetivo es que, desde cualquier punto de la Tierra, siempre haya al menos tres de estos satélites ‘visibles’. Es decir, que cualquier dispositivo receptor pueda, sin importar dónde esté ubicado, contactarse con tres de ellos para así poder establecer su ubicación precisa.

Para hacerlo, utiliza una tecnología conocida como trilateración. Básicamente, consiste en establecer la distancia entre el dispositivo que se quiere ubicar y tres puntos diferentes. Cada una de esas mediciones puede representarse gráficamente como un círculo sobre un mapa; y la ubicación exacta del dispositivo es la intersección entre los tres círculos. La precisión de la medición es de 18 metros; más o menos el ancho de una calle relativamente amplia.

Para medir la distancia con un satélite, cada dispositivo envía una señal de microondas y, exactamente al mismo tiempo, el satélite le envía una señal de vuelta. La diferencia de tiempos entre el momento del envío y de la recepción, multiplicada por la velocidad de la luz, es la distancia entre el satélite y el objeto que se desea ubicar. Esas diferencias de tiempos son mínimas, y requieren que tanto el satélite como el receptor tengan la precisión de un reloj atómico. Cada uno de los satélites cuenta con un reloj de este tipo, pero ¿cómo lograr que un GPS de carro tenga la misma precisión? Sencillo: hacer que se sincronicen con los relojes atómicos de los satélites.

Las estaciones no solo sirven para controlar los satélites, sino también para corregir los errores que puedan producirse por la interferencia entre los satélites y los receptores. Como tienen una ubicación fija, es fácil calcular la distancia entre ellos y cualquier punto del planeta. Cuando se detectan imprecisiones en las mediciones de los satélites, estas estaciones emiten señales que las corrigen.

Cuando la ubicación se integra al software que tienen los programas instalados en los receptores de los vehículos, es posible prestarles una gran cantidad de servicios a los conductores: mapas de viaje, orientación y guías de la ciudad, entre muchos otros. Gracias a todo eso, estar perdido pasó a ser una cosa del pasado.

Fuente: Enter.co